Hospedería de los Divertimentos Flotantes, Mallorca
En construcción. Responsable de obra: Alberto Rey

Un coleccionista de arte contemporáneo nos encarga la transformación de una antigua construcción rural -degradada por un incendio- en el interior de una antigua finca de recreo con un jardín exuberante. Será utilizada como casa de huéspedes para recibir la visita de amigos de diferentes partes del mundo. El proyecto parte de tres decisiones elementales y una un poco más compleja: 1ª decisión elemental. Vaciar la edificación de compartimentaciones interiores. 2ª decisión elemental. Agrupar los nuevos elementos, armarios, instalaciones, escaleras y puertas en un sistema de objetos encadenados ligeros, de construcción actual, con una geometría desvinculada de lo existente y pintado de colores que recuerden los utilizados en el diseño de mascotas a las que apetece pellizcar, del tipo Hello Kity. De manera que formen una fachada interior y un vacio con el cascarón de la edificación original, que podrá ser usado como espacio polivalente conectado con una nueva terraza al norte de la edificación. 3ª decisión elemental. En torno al espacio central, disponer, de forma radial, cuatro recintos compuestos por dormitorio y zona de baño. Cada recinto se relaciona con el jardín de manera diferente. De norte a sur según la dirección de las agujas del reloj: El primero mantiene una relación de repetición del interior en el exterior. Se sitúa a una cota ligeramente superior a la del jardín y lo invade con unos biombos de metacrilato pulido, de colores saturados, que dotan a cada estancia de un pequeño jardín. Lo que puede ocurrir en el interior del dormitorio o de la habitación, también puede ocurrir al aire libre. El segundo: prolongación. El plano del suelo del recinto se prolonga en el exterior, e incluso algunos equipamientos y piezas de mobiliario se desplazan del dormitorio al exterior. De manera que las actividades del recinto pueden extenderse sobre el jardín exterior. El tercero es un recinto ensimismado. Queda confinado y recibe luz, lluvia y sonidos exteriores por las aperturas cenitales y a través de un patio fugado en sentido vertical de seis metros de altura y dos y medio metros cuadrados de planta, pintado de rosa brillante. Y por encima de esta habitación el cuarto: conectado directamente con lo lejano. Un pequeño dormitorio con vistas a las colinas cercanas y con una terraza ajardinada con burbujas con diferentes grados de humedad.
Y por último el proyecto recoge una preocupación por ensayar el papel de la arquitectura en la preservación de lo frágil y lo marginal. Como cuenta Peter Sloterdijk1 el verdadero papel de la democracia es espacializar y dotar de presencia a los acontecimientos fugaces o marginales. De la misma manera que los ukiyo-e fijaron el mundo instantáneo del maquillaje o los fuegos artificiales de Edo, la casa pretende convertirse en punto de paso de algunos de los placeres que hacen valioso el verano, situaciones por todos conocidas, que ocurren únicamente en instalaciones arquitectónicas muy concretas. “El gin-tonic en la galaxia”, “mañana de resaca entre la ducha y la cama”, “charla insustancial en la orilla”, “perdiendo el tiempo mirando cómo se mueven las cortinas”, “maquillarse entre los árboles” y “gel y espuma entre las nubes”. En definitiva: arquitectura política para una democracia estival.
Intervención de Peter Sloterdikk en la primera sesión del encuentro “Las atmósferas de la política. Diálogo sobre la democracia” en la isla de San Giorgio Maggiore, Venecia. 15 de septiembre de 2004.
Gagliardi, P. y Latour, B. (dirs.) (2008), Las atmósferas de la política. Editorial Complutense, Madrid.