x El arquitecto no es un creador solitario

por Andrés Jaque
(c) Andrés Jaque. Contacto: oficina@andresjaque.net
Babelia, El País 25.04.2009

Cuando hace cinco años se difundió el resultado del concurso para estudiantes que la revista Quaderns convocó para el diseño de 400.000 viviendas en tres localizaciones de Cataluña, muchos se hicieron la misma pregunta: ¿quiénes son esos Zuloark que han ganado dos de los tres solares? “Zuloark es el que se siente Zuloark”. Ésta es la explicación que un grupo de jóvenes arquitectos daba entonces de sí mismos. Todos los que han llegado a verse y han sido vistos como zuloarkables tienen acceso a las zulo-cuentas de correo electrónico. En estos momentos son más de cuarenta los arquitectos o estudiantes de arquitectura que llegan a enterarse de los nuevos encargos y tienen la opción de participar, como socios de pleno derecho, en su desarrollo. Algunos colaboran en la distancia, en zulos conectados desde París o Berlín. Los honorarios se reparten de manera proporcional al tiempo que cada uno dedicó, pero un 10% se reserva para pagar los gastos de la antigua academia, en el madrileño Barrio de las Letras, que cumple las funciones de sede social. Sólo hay dos condiciones para mantenerse en el grupo. La primera: comprometerse a ser generoso con los conocimientos y las habilidades que cada uno atesora. La segunda: asegurarse de acreditar la producción del grupo únicamente a la marca corporativa Zuloark (www.zuloark.com). Metidos en faena, cada uno hace lo que sabe hacer bien, al tiempo que enseña y aprende de los otros. El principal motor del grupo es la hambruna de habilidades propia de profesionales de la era 2.0. Muchos de ellos reconocen Zuloark “como el máster que nunca habrían podido pagar”. Con cada proyecto, pactan estrategias de diseño generales, pero, en cuanto llega el momento de la resolución en detalle, la decisión la toma el que en ese momento está haciendo el trabajo. “Si algo no te convence, ¡añádele algo más!”. No se trata de consensuar, y aquí está la diferencia con otros colectivos, sino de encontrar fórmulas para que producciones singulares, y casi siempre individuales, puedan enlazarse con otras y proporcionar un producto que compita con proyectos de voz única. Cuando tienen tiempo libre, acumulan en sus discos duros para después tener material que remezclar. Sus proyectos contienen remakes, sampleados, versiones y suecadas de los últimos veinte años de la arquitectura contemporánea. Rara vez hay un paso atrás, cada entrega es el registro actualizado de lo que ocurrió desde que alguien comenzó a trabajar. Si hay una constante en su trabajo es la de utilizar los soportes disponibles como oportunidad para redefinir espacios sociales. Catálogos de arquitectura que aprovechan las técnicas de interacción desarrolladas para los álbumes de cromos, un jardín en un patio de manzanas que reconfigura las relaciones de una comunidad de vecinos, webs para generar relaciones interpersonales o el espacio expositivo-chill-out-reciclable COAM en la Escuela de Arquitectura de Madrid.

Agrupaciones y colectivos de jóvenes arquitectos se hacen un lugar en la escena profesional. Los principiantes se unen entre sí para adquirir experiencia y compartir su banco de ideas en concursos de obras.